La historia que sigue la escribí el año pasado, días después de que ocurriera, pero no la había publicado por que me parecía incompleta. Hoy decidí sacarla a pasear...
----------------------------------------------------------------------------------
"Vamos a ir pa' la Perla, ¿no te molesta?" Me dijo mi novio mientras nos dirigía en dicha dirección. Yo me limité a encoger los hombros y seguirle el paso. Dentro de poco, habíamos cruzado la grama, pasado la muralla y bajado las escaleritas: oficialmente estábamos en la Perla. Era mi primera vez allí así que estaba pendiente a todo lo que estaba pasando tanto y como me permitiera la sombrilla y la lluvia, claro. Fuimos a la placita, donde tienen graffitis de gente importante como Albizu y Corretjer, y nos sentamos en el piso, en los únicos espacios que aún no estaban mojados. Estando allí, llegó un señor de apariencia dudosa y, de la nada, nos montó conversación.
Qué bueno que lo hizo. En media hora, quizás menos, aprendí que la gente con apariencia más extraña puede que sea la que te enseñe cosas de la vida que jamás olvidarás. Comenzó comentando que le extrañaba que no estuviese un hombre que él conocía por el área en la que nos encontrábamos los tres. Luego, no sé cómo pasó, pero siguió hablando de el lugar donde él vivía.
Me estuvo curioso que se empezara a quejar... y de los mismos problemas que se queja mi novio a diario: invasión a su privacidad. El señor se quejaba de que había conseguido un lugar donde vivir, sin puertas, ni ventanas, pero que por $10 a la semana, tenía agua y luz, gracias a un acuerdo al que había llegado con el dueño del lugar. Nos comentó que par de personas pasaban por su lugar y se quedaban haciendo escantes, aunque el no estuviese, como Pedros por su casa trasteándole todo. En ocasiones, había hasta niños corriendo y alborotos. Su punto era completamente lógico: él podía compartir su lugar de vivienda siempre y cuando le respetaran su espacio personal. Al fin y al cabo, él era el de los arreglos con el dueño, más nadie. Él pagaba sus $10 semanales sin falta y eran el resto de las personas las que más gozaban del lugar y si él osaba quejarse, le salían con malas crianzas. He aquí evidencia de que el interesado y vividor no tiene piedad alguna y que para ser parásito solo se necesita otro cuerpo a quién joder.
Le parecía raro que nosotros le estuviésemos haciendo caso por su apariencia, pero que en su vida se había encontrado con gentes que por fuera podría decirse que son bellos, pero llevaban un infierno adentro. Así como también nos comentó que muchas personas discriminan en su contra basados meramente en apariencias y no le dan oportunidad de expresarse y mostrarles a todos que, aunque su apariencia pudiese malinterpretarse por un ladrón cualquiera, era mejor persona que cualquier enchaquetado de negocios.
Nos habló del vicio y las drogas: un mundo demasiado conocido para él; según mi novio, juzgando por su dentadura (o falta de) debía ser adicto a crack, entre otras cosas. Nos comentó que ha visto personas hundirse en el vicio aún peor que él. Entonces, nos habló del por qué de eso, o sea, de muerte y de matones mayormente, y por ahí coló el drive que tienen algunos por matar: la adrenalina es tanta que se vuelve su adicción. "Esos son los que peores que están por que se arrepienten de hacer lo que han hecho. Mataron a alguien que no debían" y la conciencia es una que no calla nunca. Por eso se envuelven tanto en el vicio, para desconectarse por que la vida no se puede vivir bien si no se tiene la consciencia tranquila. Y aún cuando se pase cada momento despierto bajo el efecto de algún narcótico, la mente queda indefensa a la hora de dormir. Los sueños se encargan, entonces, de repetir lo que la consciencia repite hasta el cansancio mientras se está despierto. Entonces, la infelicidad como quiera se apodera de tí.
Evidentemente, la narración pierde su efecto ahora que lo cuento, pues han pasado un par de días mas que resumí, pero cuando él nos habló todo encajaba como un rompecabezas. Independientemente de si pude comunicar bien su mensaje o no, a mí me llegó y dudo que se me olvide. Jorge me dió un crash course en asuntos de la vida y esto es lo más que puedo hacer para que su enseñanza no se quede solo en mí. ¿Qué es lo que más ustedes tienen que aprender de mi experiencia en las calles? No sé si lo de arriba les haga mucho sentido o si alguna parte tan siquiera les parezca novedosa, pero quiero que salgan de aquí con la esperanza de que algún día un maestro de la calle les dirigirá la palabra y ustedes podrán escuchar.
A este tipo de personas usualmente las marginamos por sus apariencias sin recordar que son tan humanos como nosotros. Muchas veces, estamos tan enfuscados en nuestras vidas y en nuestros propios problemas que se nos olvida que todos los demás pasan por las mismas situaciones, pero en diferentes contextos. No importa la edad, la raza, el estatus social, apariencia física, etc., una persona puede convertirse en maestro en cualquier momento, solo hay que saberlos escuchar.