sábado, 10 de julio de 2010

El placer del tiempo

El ser humano tiene la necesidad de redefinir con carácter ugente la palabra "disfrutar" en el contexto de que "la vida es sólo una y hay que disfrutarla".

Hay que disfrutar la vida, sí, pero disfrutarla en este sentido no quiere decir que en todo momento uno hará cosas que le guste, sino que debe aprender a encontrarle el valor a las cosas menos agradables necesarias para una vida normal. Que no nos guste hacer algo no quiere decir que sea malo, ni que no lo podamos disfrutar de igual manera que disfrutaríamos cualquier otra cosa.

Estamos afanados en pasar cada minuto de nuestra existencia entretenidos en actividades que encontramos placenteras y, cuando no se está haciendo algo de esa naturaleza, lo hacemos todo con prisa y sin ganas simplemente porque no es lo que quisiéramos estar haciendo al momento.

La vida es lo suficiente mente larga como para que: (1) podamos hacer todo lo que queramos, (2) lo que no queramos, pero tengamos que hacer y (3) para perder un poco más de tiempo. Por lo tanto, cuando te digan que la vida es corta, sé irreverente aunque sea una vez en tu vida y díles que mienten. Sí, te mienten descaradamente cada vez que dicen alguna barbaridad como esa. Mienten por que la vida es larga y lenta. El problema es que no lo percibimos así por estar siempre tan desesperados por culminar las cosas indeseadas para emplear nuestro tiempo sólo en lo que nos da placer.

Así que la próxima vez que te encuentres aburrido y solo, con el aire dañado, bajo la lluvia, sudando y mojándote, con los cristales empañados, en un carro estándar subiendo una cuesta en un tapón que sabes que va a durar mínimo una hora, date un momento para pensar: (1) que pudieses estar peor, (2) que por lo menos tienes carro y (3) que ahí por fin conseguiste el tiempito que querías a solas para tí.

El tiempo lo tenemos, sólo tenemos que aprender a valorarlo.
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