Mostrando entradas con la etiqueta religion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta religion. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de enero de 2010

Un par de -ismos

Una de las pocas razones por las que me gustaría haber nacido en otro rincón del mundo que no fuese Puerto Rico es el asunto de vivir en una sociedad [tan] machista y creo que ya se los había dejado saber. Aunque si bien todo el mundo conoce que el machismo se da en muchas otras partes del mundo y hasta más marcado que aquí (ej. cultura musulmana), no todos saben y hay que fijarse en que nosotras, las féminas latinas, nos encontramos en una encrucijada moral de la que, me atrevería decir, nos es imposible salir.

Me explico: como si el machismo en sí, no fuese suficiente problema, aquí las mujeres tenemos que intentar resolver lo que se conoce como el "Dilema de María", que es el conflicto entre marianismo y hembrismo.
  1. El marianismo es el rol de género en el que se espera que la mujer sea el soporte moral de la sociedad (y de la familia, claro, ya que familia = célula fundamental de la sociedad) solo por el hecho de haber nacido mujer. Tiene que encargarse del cuido y educación de los hijos, ser sumisa ante el hombre y se espera también que se sacrifique siempre que sea necesario por el bien de la familia. En adición a esto, debe tener menos experiencia sexual que el varón.
  2. El hembrismo, por otro lado, propone que la mujer debe ser capaz de sacar adelante a su familia en todos los aspectos (incluido el económico) y también de protegerla del varón, si fuese necesario. Aquí, se espera que mantenga satisfactoria la vida sexual de la pareja.

Si se fijan, cumplir con las exigencias de uno de los valores explicados anteriormente, cancela el otro y viceversa SIEMPRE. Esto afecta el autoestima de la mujer, pues crea aún más discrepancias entre lo que piensa de ella misma, cómo piensa que debería ser y cómo se presenta ante la sociedad, entre otros. ¡Aguanten, eso no es todo: a esta nefasta ecuación todavía le falta! Súmenle, por favor, otro valor latinoamericano que tenemos gracias a los malditos colonizadores españoles y al cristianismo: el fatalismo, que no es más que el pensar que venimos a la tierra a sufrir y que debemos cargar una cruz hasta el día de nuestra muerte.

En resumen, la mujer latina se encuentra en un constante conflicto emocional consigo misma y a la vez con la sociedad lo quiera o no, que la ha limitado grandemente hasta el día de hoy y lamentablemente la seguirá limitando hasta que estos valores evolucionen o, mejor aún, desaparezcan.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La apuesta

Lo que leerán a continuación se me ocurrió poco después de escribir "Corderitos" y la escribí más o menos para esa misma fecha, pero como resultó ser algo que no va acorde a mí, mis creencias, estilo usual, etc., no lo iba a publicar. Cambié de parecer justo ahora porque llevo ya un par de días sin escribir y no creo que la historia esté taaan mala como para merecer ser condenada a pasar toda su vida como un "borrador".

Ah, se me olvidaba: ¡ya mi blogsito cumplió 1 año! ¡Gracias por leer!

Bueno, a lo que vinimos:
***




"Cada vez son menos y menos los que creen en que existe un Dios..." Dijo con toda la mala intención posible, como suele hacer siempre. La mayoría--sino todos--sus comentarios siempre van en busca de incordiar hasta al más tranquilo e inocente de todos.

"Te apuesto lo contrario. Es más, te voy a probar que todos creen en algo. Tú verás..." Le respondió el otro confiado. "Tú verás." Repitió cuando el primero le viró los ojos como si no le importase.

----------------------------------------------------------------------------------

La puerta se abrió de golpe. "¡¿Niña, todavía no estás?! ¡Avanza, que se nos está haciendo tarde! ¡Avanza!"

La jovencita se levantó poco a poco. Las rodillas le dolían y tenía las piernas entumecidas por llevar tanto tiempo arrodillada en el piso del cuarto. Entre sollozos, recogió un bultito con un par de sus pertenencias y salió hasta la sala. "¡Mami, ya!" Le gritó a su madre, quien intentaba hacer una llamada telefónica.

"Puñeta, ni los cabrones teléfonos funcionan ya," le escuchó decir furibunda justo antes de que reventara el teléfono contra el piso. Las piezas volaron en todas direcciones, una pegándole a la niña justo en la cara. "¡Ay, perdón!" Gritó la madre al darse cuenta que su pequeña no sólo la había escuchado diciendo barbaridades, sino que también había recibido un golpe a causa suya y corrió a cuidar de ella. "Perdón, m'hijita, perdón," le decía mientras la abrazaba; se le salían las lagrimas al decirlo. "Vente, vámonos. Vámonos ya. Nos encontramos con tu papá y tu abuela allá."

Salieron al trote de la casa y, justo antes de internarse entre la muchedumbre que corría por las calles, la madre detuvo a su hija: "Si nos separamos, llegas hasta la plaza, donde siempre nos sentamos a darle comida a las palomas, ¿sí? ¿Me escuchaste? ¿Entendiste bien?" A todo esto, la niña solo la miraba en silencio y asentía con la cabecita. "Te amo, ven." La madre tomó de la mano y juntas comenzaron a correr con los demás.

"¡Juan! ¡Juan!" Gritó la mujer con desesperación al avistar, luego de unos minutos, a uno de sus vecinos que se dirigía en la misma dirección que ellas. "Juan, dime: ¿qué sabes?" Dijo casi sin aire y deteniéndose para respirar, haciéndose a su vez a un lado para que la multitud pudiera pasar sin llevárselos de frente.

"No mucho, sólo que es inminente." Respondió él de igual manera, pero manoteando como loco. "Escuché que le sugirieron al Padre moverse pa'... pa' la plaza, pero que no quiso. Dice que si va a pasar algo así, que su lugar es solamente en la Casa de Dios y qué sé yo qué carajos más."

"¡Ay! ¡Ay, Dios mio!" Replicó la madre con desesperación, su cara escondida tras sus manos. "Vamos, vamos. La esperanza es lo último que se pierde." Y tras esto, volvió a coger a su niña de la mano y los tres comenzaron a caminar rápidamente en la misma dirección en la que corrían todos los demás.

Llegaron a la plaza. El lugar estaba lleno, pero más llena aún estaba la Iglesia. Entre empujones y pisotones, se acercaron lo más que pudieron a ella, pero no había forma de tan siquiera entrar al vestíbulo del templo; estaba completamente abarrotado, lo que nunca. Tampoco se podían distinguir voces, solo se escuchaba un murmullo general acompañado de llantos. Aunque era indistinguible lo que cada persona decía, algo estaba claro: todos oraban. La niña podría escurrirse entre la gente y lograr acceso al Sagrado recinto, pero decidió quedarse junto a su mami: si algo iba a pasar, no quería encontrarse sola. "¿Y Papi?" Preguntó, pero no tuvo contestación; en realidad, su voz pareció nunca haber logrado salir de su cuerpecito. De repente, todo enmudeció o quizás todos ensordecieron, una luz intensa los cegó... y todo se hizo nada.

----------------------------------------------------------------------------------

"Ya, ya... ya ganaste." Le dijo en tono de aburrimiento el cizañero, mientras jugaba con sus manos.

"Te dije que todos creían en Mí."
Locations of      visitors to this page