Una de las pocas razones por las que me gustaría haber nacido en otro rincón del mundo que no fuese Puerto Rico es el asunto de vivir en una sociedad [tan] machista y creo que ya se los había dejado saber. Aunque si bien todo el mundo conoce que el machismo se da en muchas otras partes del mundo y hasta más marcado que aquí (ej. cultura musulmana), no todos saben y hay que fijarse en que nosotras, las féminas latinas, nos encontramos en una encrucijada moral de la que, me atrevería decir, nos es imposible salir.
Me explico: como si el machismo en sí, no fuese suficiente problema, aquí las mujeres tenemos que intentar resolver lo que se conoce como el "Dilema de María", que es el conflicto entre marianismo y hembrismo.
- El marianismo es el rol de género en el que se espera que la mujer sea el soporte moral de la sociedad (y de la familia, claro, ya que familia = célula fundamental de la sociedad) solo por el hecho de haber nacido mujer. Tiene que encargarse del cuido y educación de los hijos, ser sumisa ante el hombre y se espera también que se sacrifique siempre que sea necesario por el bien de la familia. En adición a esto, debe tener menos experiencia sexual que el varón.
- El hembrismo, por otro lado, propone que la mujer debe ser capaz de sacar adelante a su familia en todos los aspectos (incluido el económico) y también de protegerla del varón, si fuese necesario. Aquí, se espera que mantenga satisfactoria la vida sexual de la pareja.
Si se fijan, cumplir con las exigencias de uno de los valores explicados anteriormente, cancela el otro y viceversa SIEMPRE. Esto afecta el autoestima de la mujer, pues crea aún más discrepancias entre lo que piensa de ella misma, cómo piensa que debería ser y cómo se presenta ante la sociedad, entre otros. ¡Aguanten, eso no es todo: a esta nefasta ecuación todavía le falta! Súmenle, por favor, otro valor latinoamericano que tenemos gracias a los malditos colonizadores españoles y al cristianismo: el fatalismo, que no es más que el pensar que venimos a la tierra a sufrir y que debemos cargar una cruz hasta el día de nuestra muerte.
En resumen, la mujer latina se encuentra en un constante conflicto emocional consigo misma y a la vez con la sociedad lo quiera o no, que la ha limitado grandemente hasta el día de hoy y lamentablemente la seguirá limitando hasta que estos valores evolucionen o, mejor aún, desaparezcan.

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