Estaba guiando, dando una vueltecita con mi novio tranquilitos los dos cuando, de momento, pasó lo inesperado. "¡¿Te cayó en las tetas?!" Miro para abajo: efectivamente. ¡El horror! Me tiré inmediatamente para el paseo... ¿qué digo? No había un carajo. No sabía si parar allí mismo en medio de la carretera y bregar la situación, si tirar cambios ahí algarete en lo que él resolvía, si chocar . . . Mientras todas esas ideas pasaban por mi mente a velocidades luz, encontré un espacio sin arbolitos y me tiré pa' la derecha. Paré. Solté el guía, la palanca de cambios, el cinturón y empecé a buscar. Después de unos desesperantes segundos, encontré y, agraciadamente, pude apagar, antes de que pasara a mayores, el fili que tenía prendido en las tetas.
Ahora, lo único que queda como recuerdo de tan jocoso incidente lo llevo en mi bra favorito y en mi pancita: una pequeña manchita marrón.

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