domingo, 24 de octubre de 2010

Lucha constante

La vida de una mujer se podría definir, a grandes razgos, en una constante lucha por la igualdad.  Desde tiempos antiguos, la mujer ha sido considerada inferior, la desviación de la norma, la ayudante del hombre, ..., la otra: ese otro ser que se parece mucho al hombre, pero que no llega a ser nunca como él. Pero ¿por qué? ¿Tiene que ser así? Si no fuese por la mujer, el hombre estuviese solo. Si no fuese por la mujer, no existiría el balance en la raza humana. Si no fuese por la mujer, la especie acabaría. En fin, si no fuese por la mujer, el hombre no existiría por que simplemente no hay hombre si no hay mujer. Entonces, ¿cuál es el empeño de la sociedad en considerar y, por lo tanto, hacer a la mujer inferior?

Cada vez que pasa por mi mente tener hijos algún día, siempre deseo que ninguno me salga fémina. Bastante difícil son las condiciones en el mundo de por sí para que uno traiga a una niña al mundo a lidiar no solo con esas situaciones que bregamos todos los seres humanos, sino con las implicaciones de ser mujer y tener que encontrarse siempre bajo el mando de hombres que solo salvaguardan los derechos de quienes consideran sus iguales: hombres.  Dentro de mí quedan esperanzas para que esto cambie, pero viendo las situaciones que vivimos día a día, cada vez se me hace más difícil conservarlas. Se me hace aún más difícil conservarlas cuando veo que el androcentrismo que vivimos está tan y tan arraigado que hasta las mismas mujeres propician su continuación y que hasta los hombres que dicen creer en la igualdad de las mujeres no lo hacen a la hora de la verdad, pues están en negación de sus actos androcéntricos y no aceptan que también son parte de la opresión.


...Al igual que esta situación, este escrito no tiene párrafo final, ni conclusión, ni nada que se le parezca: queda en uds. ver cómo terminarlo.

martes, 24 de agosto de 2010

Soy materia


He muerto.

Mi ojo derecho se descompone rápidamente. A este festín ya han llegado todo tipo de microorganismos. Entre ellos, un gusano que comió y comió y comió de mí hasta la saciedad. Lamentablemente, este gusano no era tan fuerte como los demás. No pudo, quizá, con algún químico en mí y murió. Ahora somos ambos materia orgánica muerta que yace bajo unos cuantos pies de tierra en algún campo sin nombre.

Una solitaria semilla se logró colar entre esos pies. Agua también, impulsando y convenciendo esa semillita a germinar: un proceso nuevo de vida comenzaba en el mismo lugar donde dos, más abajo, ya habían llegado a su fin. La semilla comenzó de inmediato a soltar raíces. Al tiempo, hubo raíces por doquier, pero aún el tallo no lograba llegar a la superficie: le hacían falta más nutrientes. La desesperación comenzaba a reinar justo cuando una raíz muy astuta y arriesgada decidió hundirse más en el suelo para llegar más lejos que sus hermanas. Las otras, temerosas, le dijeron que era más seguro quedarse todas juntas, aunque su destino colectivo fuese morir. La obstinada raíz decidió que era mejor arriesgarlo todo y dejar atrás a las cobardes, si iba a morir, quería conocer algo más que el montón de tierra de donde germinaron todas. Así que, sin mucho titubeo, pero con mucha incertidumbre y un poco de positivismo, inició su ruta hacia el sur, mientras sus hermanas hacían lo imposible por absorber los pocos nutrientes que le quedaba a la parte de suelo donde se encontraban.

No tuvo que recorrer mucho camino. En un par de días llegó a mí; su sacrificio no había sido en vano. Estábamos todos de fiesta: yo descomponiéndome rápidamente con mi amigo gusano y los demás organismos deleitándose con el cuerpo que una vez fue mío. La raíz no fue bien recibida por los demás de primera intención, pero era un banquete al que todos estaban invitados y, como nadie la obligó a marcharse, por el mismo orificio que dejó un ojo que una vez intentó conocer el mundo, entró a mí.

Era un universo nuevo que le hubiese encantado conocer entero, pero tenía una misión que no debía atrasar: recolectar nutrientes para darle vida a sus hermanas moribundas ya y al tallo que hacía lo indecible por hacer contacto con el aire fuera del montículo de tierra. Una vez tocó fondo esa raíz, de inmediato envió un mensaje a sus hermanas: iban a sobrevivir. Muchas de las que recibieron el mensaje bajaron entusiasmadas hacia mi encuentro. Fui para ellas una promesa de vida y, en poco tiempo, lo que quedaba de mí estaba cubierto en no tan tímidas raíces que sin pena alguna extraían lo que necesitaban de mí. Y así fui haciéndome parte de la planta que intentaba nacer y me propuse que juntos todos llegaríamos a ser árbol y no les negué nada de mí. Lo que necesitasen era suyo. Era nuestro todo mi yo para salir a flote.

Una vez salimos, el Sol nos recibió calurosamente y nunca nos negó su energía; gracias a él, nuestro crecimiento nunca se detuvo. Aprendimos con él a hacer fotosíntesis y no hubo quién nos detuviese: éramos jóvenes e invencibles. Primero una hoja, luego dos, así nos hicimos tres, ya salía otra rama, otra hoja más, luego tres más y así nos convertimos rápidamente en un pequeño arbolito con muchas ganas de ser lo mejor que pudiésemos ser. Cada día crecíamos un poco más el gusano, el árbol y yo, aunque a simple vista, éramos sólo un árbol.

Pasado el tiempo, ya en el suelo no quedaba más rastro de quién una vez fui que mis huesos, que tardarían aún más en deshacerse. Lo importante era que sobre lo que una vez fue mi cuerpo humano, yacía un árbol enorme: llevábamos más de cien años ya y nuestro grueso tronco relataba toda nuestra historia a quien quisiera leer. 

Como todo, nuestra vida como árbol robusto y fuerte también llegó a su final. Un día inusual, de mucho viento y agua, nuestras raíces, viejas ya, perdieron agarre de la tierra bajo nosotros y con una última ráfaga y un gran estruendo, nos fuimos al piso. Nos negábamos a creerlo, pero todos los pájaros que habían hecho de nosotros su casa se fueron, igual las hormigas y cualquier otro animal que alguna vez nos consideró su hogar también nos abandonó. Poco a poco las hojas que una vez fueron casi verde neón dejaron de brillar para tornarse de un oscuro marrón... No podía creerlo, pero mi segunda muerte había llegado. 

Una vez más soy materia orgánica inerte lista para continuar el ciclo. Todos mis átomos volverán al todo de dónde los tomé prestados alguna vez.

lunes, 9 de agosto de 2010

Visitas indeseables... ¿redundancia?

Uno tiene planes y ¡fuá! Se descojona to': llega visita. ¿Por qué la visita llega en ese momento menos indicado? Por que si no te están jodiendo la existencia, no son visita... ¿Que no es así?

Si la persona que te llegó a visitar llegó en el momento idóneo y alguien te llama a preguntarte qué haces, ¿qué le contestas? "Aquí con unos panas," entre risas lo más probable, si la estás pasando chévere. Sino, vas a decir: "con visita" entre dientes. No falla.

Cuando vas a faltar a la reunión de trabajo por que llegan tus amistades a joder contigo, ¿tú le dices a tu jefe que llegaron unos panas y que decidiste quedarte jodiendo? ¡No! Tú vas a decir que te llegó visita. ¡Y no cualquier visita! ¡Noooo! Son los papás de tu esposa que vinieron desde las sínsoras del infierno a visitarlos y no puedes cancelar por más que quieras por que obviamente desearías estar allí reunido, trabajando... Yeah, right.

Visita es el nombre que le damos a las personas que, aunque conocidas y muchas veces agradables, no son realmente bienvenidas a la hora en que al fin deciden ir a tu casa. Siempre les has dicho: "Pasen por casa cuando gusten." Lo has dicho de corazón, pero nunca te habían hecho caso hasta ahora que tú y tu nene están sufriendo de diarreas eléctricas y en realidad no tienen mucho tiempo, ni ánimos de atender a nadie.

En fin, el propósito de la visita, aunque no sea su intención, siempre será incordiar. No hay más na' que buscar... y si lo hay, díganmelo en los comments.

sábado, 10 de julio de 2010

El placer del tiempo

El ser humano tiene la necesidad de redefinir con carácter ugente la palabra "disfrutar" en el contexto de que "la vida es sólo una y hay que disfrutarla".

Hay que disfrutar la vida, sí, pero disfrutarla en este sentido no quiere decir que en todo momento uno hará cosas que le guste, sino que debe aprender a encontrarle el valor a las cosas menos agradables necesarias para una vida normal. Que no nos guste hacer algo no quiere decir que sea malo, ni que no lo podamos disfrutar de igual manera que disfrutaríamos cualquier otra cosa.

Estamos afanados en pasar cada minuto de nuestra existencia entretenidos en actividades que encontramos placenteras y, cuando no se está haciendo algo de esa naturaleza, lo hacemos todo con prisa y sin ganas simplemente porque no es lo que quisiéramos estar haciendo al momento.

La vida es lo suficiente mente larga como para que: (1) podamos hacer todo lo que queramos, (2) lo que no queramos, pero tengamos que hacer y (3) para perder un poco más de tiempo. Por lo tanto, cuando te digan que la vida es corta, sé irreverente aunque sea una vez en tu vida y díles que mienten. Sí, te mienten descaradamente cada vez que dicen alguna barbaridad como esa. Mienten por que la vida es larga y lenta. El problema es que no lo percibimos así por estar siempre tan desesperados por culminar las cosas indeseadas para emplear nuestro tiempo sólo en lo que nos da placer.

Así que la próxima vez que te encuentres aburrido y solo, con el aire dañado, bajo la lluvia, sudando y mojándote, con los cristales empañados, en un carro estándar subiendo una cuesta en un tapón que sabes que va a durar mínimo una hora, date un momento para pensar: (1) que pudieses estar peor, (2) que por lo menos tienes carro y (3) que ahí por fin conseguiste el tiempito que querías a solas para tí.

El tiempo lo tenemos, sólo tenemos que aprender a valorarlo.

sábado, 26 de junio de 2010

Cultivos de miedo

Puerto Rico no es el común joven rebelde con ganas salir de la comodidad de su hogar al mundo a ver qué encuentra y cómo se las arregla para vivir. En realidad, Puerto Rico es como el niño sobreprotegido de una casa con padres ricos que no lo dejan que conozca el mundo por miedo a perderlo y, para elminar su propio miedo, se lo traspasan al pobre joven. El independizarse más que un derecho, se convierte en un monstruo al que muchos le temen. Es por esto que no nos movemos hacia nuestra libertad: porque tenemos miedo. Somos unos cultivos de miedo, pues ellos se han encargado de sembrar tanto miedo que parecería que es imposible matar de raíz. Nos han hecho pensar que si nos vamos solos y por nuestra cuenta, nos va a ir mal. Si no nos arriesgamos a ver qué hay allá afuera, nunca sabremos mas que lo que nos cuentan nuestros vecinos países acerca de las ventajas [y desventajas] de vivir como una nación con capacidad de elegir su rumbo y trazar su destino.

En Puerto Rico existe la democracia solo por que no hay quórum suficiente que desee sublevarse por que si lo hubiese, ya EEUU hubiese mostrado su lado oscuro en plena luz del día y nos hubiese convertido en una abierta dictadura, pero hasta ahora no hay quién le pare el caballito y por eso siguen gozando a costa nuestra y nos consuelan y pacifican dándonos un sentido falso de libre asociación.

Yo no sé realmente cómo nos iría si fuésemos del todo libres, pero tampoco quiero averiguar qué pasa si nunca lo somos. Quizás independizarse no es ni la mejor opcion tan siquiera, pero aunque la única opción para lograr nuestro progreso fuese la anexión, no podemos darnos ese lujo. Tenemos que superarnos nosotros solos, sin la ayuda de un tirano que inventa guerras, destruye hogares, crea hambre, promueve la miseria y termina vidas solo por darse el lujo de dominar al resto.

martes, 18 de mayo de 2010

Reflejos de lucha

Ultimamente, he estado llorando mucho... y es que es difícil ya contener las emociones y más cuando se acumulan tantas por tanto tiempo. La situación en el país va de mal en peor, pero siento que llegamos al punto en que no aguantamos más. ¿Dónde se quedó la empatía? ¿Quién le dió la potestad a un juez para decidir quién come y quién no? ¿Quién dice que un golpe tiene más fuerza que la palabra?

A mi entender, no hay mejor refugio para una persona que el lugar en donde se forma como individuo y crece como ser humano. ¿De qué sitio voy a hablar si no es de la universidad? Siendo completamente honesta, nunca pensé llegar a querer tanto mi universidad, pero la amo y sé que muchos compartimos el mismo sentir; por eso sufro mucho cuando veo que se cometen injusticias en contra de mi universidad y por que la quiero tanto, quiero que siga abierta y accesible para que todos puedan experimentar lo que yo tanto disfruto.

Lo disfruto por que cada día que la visito es una experiencia única. Es única desde que estoy en mi cama escuchando el despertador, pensando en si me quedo diez o quince minutos más hasta que llego exhausta y con dolor de cabeza a bañarme y a dormir. Desde conseguir un dichoso estacionamiento hasta colgarme en el examen que vale el 20 por ciento de la nota. Desde arriesgarme a dejar mi carro en "Zona Inundable" y esperar a ver si cuando salga de clases, en vez de carro, lo que tengo es un submarino. Desde llegar y encontrarme con que el profesor faltó y no mandó aviso a estar dentro y tener que salir porque se decretó una huelga en una asamblea auto-convocada. Y si sigo, no termino nunca, pero creo que mi punto ya quedó bastante claro.

Así que cuando vean que se comete alguno de estos atropellos que están caracterizando a esta administración opresiva, no se avergüensen nunca en gritar, llorar, pelear (y hacer escándalos, si es necesario) porque para defender lo que tenemos, cualquier intento es justo y necesario.

Para terminar, comparto con ustedes dos videos que no me canso de ver por más lágrimas que me saquen por que reflejan la lucha que se desata día a día en nuestros recintos y capturan emociones reales de personas que, como tú y como yo, sufren al ver lo que gente inescrupulosa hace con nuestra segunda casa:

2 horas en la Huelga de la UPR from Alberto Bartolomei on Vimeo.


lunes, 17 de mayo de 2010

Policías sin escrúpulos

Cuando me desperté el 14 de mayo, esta fue la primera cara que ví al encender la computadora para revisar las noticias del día. Poco después, ví el video de cómo se llevaban arrestado a este hombre y cómo ni tan siquiera le proveían información a su esposa de hacia dónde lo llevarían.

No lo conozco, pero lo admiro de igual manera. Qué no daría yo (y sé que muchos más) por que mi papá se preocupara por mí cuando estoy en alguno de estos asuntos. ¡Qué no daría yo por que tan siquiera lo entendiera! Qué no daría yo porque me dijera: "Yo te llevo y te busco, ¿qué te hace falta? Cualquier cosa, me llamas y yo vengo, no importa la hora." ...Pero a mi papá le importa más trabajar y salir a beber con sus amigotes.

Ahora, este padre, que sí es dedicado y que sí se sacrifica por sus hijos, miren cómo es recompensado: a macanazos y golpes. ¿Es justo? Me parece que no. Mientras su hijo está sufriendo hambre, él intenta que su sufrimiento pare y lo que hace es coger cantazos de manos de un policía, que lo más probable también tenga una familia que alimentar. Se entiende que los policías estan allá bajo órdenes de sus superiores, pero hay límites que ellos parecen no conocer.

Hay que buscar cómo hacerles entender que ellos son otro grupo obrero más. Que tienen que cumplir con sus labores, pero que eso no les da derecho a abusar. Que mantener el orden se puede lograr sin golpes. Que todos pueden llevar a cabo sus distintas funciones sin privarle de comer a los demás. Que ellos no son los únicos que tienen una familia por la que velar. Que, en realidad, esa familia somos todos nosotros y todos debemos velar por el bienestar común.
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